REFLEXIONES Y DEVOCIONALES

UNA VIDA DE ORACIÓN

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Marcos 1:35 Nueva Versión Internacional

La oración es uno de los privilegios más maravillosos que Dios nos ha dado, pero no siempre pensamos que es así. Aunque siempre tenemos la oportunidad de acercarnos confiadamente al trono de la gracia, y ser escuchados de inmediato por el Padre celestial, a veces nos preguntamos si nuestro tiempo delante de Él de verdad importa. Sí, somos rápidos para buscar a Dios cuando el sufrimiento o los problemas llaman a nuestra puerta, pero en realidad, ¿para qué más es la oración?

Dios nos creó para relacionarnos con Él, y la oración es parte vital de nuestra interacción con el Señor. Piensa en tu mejor amigo. ¿Cómo se desarrolló esa amistad? Lo más probable es que exigió que conversaran y pasaran tiempo juntos. Eso es exactamente lo que se necesita para cultivar una relación estrecha con el Señor. Sin la comunicación, Dios puede parecer un extraño. Él nos conoce por dentro y por fuera, pero a menos que hagamos de la oración una prioridad en nuestras vidas, no le conoceremos. Perder la oportunidad de conocer al Señor íntimamente, es una de las mayores tragedias en la vida del creyente.

¿Te das cuenta de que lo que Dios quiere es que la totalidad de su ser le pertenezca a Él, para comunicarse contigo, revelarte y mostrarte su amor? Todos sabemos que debemos amarlo, ¿pero has pensado alguna vez en lo mucho que Él disfruta de su relación contigo? Al Señor le encanta pasar tiempo con sus hijos. La vida cristiana no consiste solamente en cuánto sirves, con cuánta generosidad das, o en lo mucho que asistes a la iglesia. Lo único realmente importante es pasar tiempo a solas con Él para experimentar su maravillosa presencia.

Si quieres ver un ejemplo perfecto, basta mirar a Jesús, hizo de la oración su prioridad. Marcos 1.29-39 nos describe un día de su vida. Después de enseñar durante toda la mañana en la sinagoga, fue a casa de Pedro y sanó a su suegra. La noticia del milagro que hizo corrió rápidamente, y cuando llegó la noche toda la ciudad se agolpó a la puerta. Sin embargo, aun después de una noche muy atareada echando fuera demonios y sanando enfermos, Jesús se levantó temprano en la mañana cuando todavía estaba oscuro, y se fue a un lugar apartado a orar. Pero sus discípulos lo encontraron pronto, y comenzó otro día de duro trabajo.

¿Te identificas con esta historia? Por nuestros agitados estilos de vida, uno de los problemas más grandes que tenemos es apartar tiempo para la oración. Pero, a diferencia de Jesús, a menudo ponemos excusas, Jesús no permitió que las exigencias de este mundo le impidieran pasar tiempo a solas, de forma habitual, con su Padre. El Señor “se apartaba a lugares desiertos, y oraba” el tiempo con su Padre no era una cuestión de conveniencia para Él, sino una necesidad absoluta que a veces requería un sacrificio.

Si Jesús consideraba esencial la oración, ¿cuánto más debemos hacerlo nosotros? Al igual que Cristo, necesitamos desarrollar la práctica de pasar prolongados períodos de tiempo a solas con el Señor. Y puesto que se trata de una conversación, para escuchar su voz hablando a nuestros corazones, debemos incluir siempre a la Biblia. Por medio de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos guía, para que sepamos qué pedir. Al aclarar el Espíritu Santo el significado en sus páginas, aprendemos quién es Dios, sus caminos, y lo que Él ha prometido hacer. Cuando abrimos nuestros corazones para escuchar su voz apacible y delicada, y alineamos nuestras vidas con la suya, nuestra fe crece.

Sin embargo, a pesar de todas las promesas de Dios, y considerando todos nuestros problemas, ¿por qué permitimos que la oración se convierta en algo secundario en nuestras vidas? Para ayudarte a evaluar y reconocer la prioridad de la oración, responde esta pregunta: ¿Cuánto tiempo pasaste a solas con el Señor la semana pasada? y no me refiero en tu automóvil, en el transporte colectivo yendo al trabajo o algún otro lugar ¿Serían cinco, diez o quince minutos? Tal vez ya es hora de que te hagas un autoexamen para que determine si hay algo que te está impidiendo dar a la oración la prioridad absoluta en su vida.

Cuando la vida funciona sin problemas, cuando las bendiciones están fluyendo, y todo está bien, podemos tener la tentación de olvidarnos de Dios. Incluso podemos comenzar a pensar que podemos manejar la vida por nuestra cuenta. Lamentablemente, muchos cristianos hacen esto — solo buscan el Señor cuando se ven en una situación difícil. Pero el propósito de Dios cuando nos creó fue que experimentáramos una estrecha comunión con Él. Aunque el Señor puede valerse de pruebas para llamar nuestra atención y acercarnos más a Él, no debemos olvidarle en los tiempos de bendición. Recordemos que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre”

La mayoría de los creyentes queremos tener esta clase de vida de oración. Nuestro problema no es la falta de deseo, sino de compromiso. Dejemos de orar y corremos el peligro de no poder escuchar a Dios cuando nos hable por medio de su Palabra, ya que no podemos sentir lo que Él está haciendo en nuestras vidas.

Pero si pasas cada día cultivando una enriquecedora relación con el Señor, cuando los problemas le golpeen podrá escuchar su voz, entender sus propósitos y confiar en Él. Las ventajas de desarrollar una relación con Dios por medio de la oración, son interminables y eternas.

Por: Rafael Reyes

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